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Cardinal George
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Office of the Cardinal

2 de Septiembre de 2008

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

En medio de una larga campaña política, las cuestiones de políticas públicas, que también son asuntos morales, en ocasiones son tergiversadas o son presentadas de un modo parcial o manipulador. Aún cuando se podría esperar que todos supiéramos cuál es la posición de la Iglesia sobre la inmoralidad del aborto y el papel que la ley juega en la protección de los niños no nacidos, parece que algunos manifiestan ignorarla y otros, aún dentro de la Iglesia, la cuestionan. Y puesto que esta enseñanza ha sido recientemente presentada de una manera tergiversada, la siguiente aclaración puede resultar útil.

La Iglesia Católica, desde sus primeros días, condenó el aborto de niños nonatos como un pecado grave. No sólo las enseñanzas de las Escrituras acerca de la protección de Dios a la vida dentro del útero (considerado por los profetas y los salmos, así como por las historias del Evangelio acerca de Juan el Bautista y de Jesús mismo en el útero de María) sino también el catecismo del primer siglo (la Didache o Enseñanza de los Doce Apóstoles) decía: “No deberás asesinar al niño por aborto. No deberás matar lo que es generado”. La enseñanza de la Iglesia era clara en un Imperio Romano que permitía el aborto. Estas mismas enseñanzas han sido constantemente reiteradas en cada lugar y tiempo hasta llegar al Vaticano II, el cual condenó el aborto como un “crimen atroz”. Eso es verdad hoy y lo será mañana. Cualquier otro comentario de parte de políticos, profesores, expertos o algún sacerdote aislado, son erróneos y no pueden ser propuestos en buena fe.

Esta enseñanza tiene consecuencias para aquellos a quienes se les ha encargado el bien común,aquellos que tienen un puesto público. El niño que aún no ha nacido, vivo en el vientre materno ymiembro de la familia humana, no puede defenderse a sí mismo. Las buenas leyes defienden a los queno tienen defensa. Nuestras leyes actuales permiten que niños que aún no nacen sean asesinados demanera privada. Las leyes que colocan a los niños no nacidos fuera de la protección de la ley destruyentanto a los niños asesinados como al bien común, el cual es el principio que conduce la enseñanza socialde la iglesia. Uno no puede apoyar el status quo legal sobre el aborto y estar trabajando al mismo tiempopor el bien común.

Esto explica porqué el asunto del aborto no desaparecerá y porqué es un punto central de las enseñanzas católicas sobre el orden de justicia social. La Iglesia no aprueba candidatos para ocupar oficinas; lo que sí hace es enseñar los principios a través de los cuales los católicos deben formar su conciencia social. Las enseñanzas, las cuales cubren males intrínsecos como el aborto y muchos otros asuntos que son materia de un juicio prudente, no pueden ser más claras; la práctica con frecuencia se queda corta debido a que todos somos pecadores. No hay espacio para hipocresías en las enseñanzas morales católicas.

Tanto la Conferencia de Obispos en este país como los Obispos de Illinois han publicado declaraciones sobre las enseñanzas sociales católicas y la vida política. Estas declaraciones se pueden consultar en nuestras parroquias. Todos nosotros debemos tener presentes en nuestras oraciones tanto a nuestro país como a todos los candidatos para un puesto de elección pública en la siguiente elección. Que Dios los bendiga a ustedes y a sus familias.

Sinceramente suyo en Cristo:

Cardenal Francis George, O.M.I.
ArzobispodeChicago

 
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