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31 de Julio de 2003
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
El documento, Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento
legal de las uniones entre personas homosexuales, publicada el día
de hoy por la Congregación para la Doctrina de la Fe establece
de nueva cuenta el constante entendimiento de la Iglesia por el
carácter único y sagrado del matrimonio, como la acción
de compartir la vida de manera total entre un hombre y una mujer.
En el matrimonio, el esposo y la esposa están unidos el uno
con el otro para apoyarse mutuamente, para cooperar y hacer posible
el don divino de la creación a través de la procreación
de los hijos, y para procurar el bien común de la sociedad.
El documento está más interesado en un entendimiento
adecuado del matrimonio que en cuestiones de homosexualidad. El
matrimonio, como fundación de la vida familiar, es la principal
asociación de una sociedad sana. El matrimonio es una institución
natural. Precede tanto a nuestro país como a nuestro estado,
y ninguna corte o legislatura pueden cambiar la naturaleza del matrimonio.
No existe, ni biológica ni moralmente, una equivalencia entre
el matrimonio y las uniones homosexuales. Esta diferencia natural
es respetada en un sistema legal justo.
Las personas homosexuales merecen respeto y compasión. Sin
embargo, el respeto por las personas no significa negar la verdad
acerca del matrimonio ni requiere cambiar la ley moral natural y
la enseñanza común de la Iglesia y de otras creencias
religiosas acerca de las relaciones homosexuales.
En este momento de intenso debate público acerca de algo
tan familiar y básico como el matrimonio, por favor oren
porque el Señor nos guíe tanto a nosotros como a aquellos
que están en desacuerdo con nosotros. Por favor oren porque
las personas que participan en los medios de comunicación,
también respeten a la Iglesia y sus enseñanzas. Oren
por los funcionarios públicos, porque no traicionen las responsabilidades
que tienen con Dios y con el bien común de la sociedad.
Finalmente, sepan que se encuentran presentes en mis oraciones;
por favor ténganme presente en las suyas.
Sinceramente suyo en Cristo,
Cardenal Francis George, O.M.I. Arzobispo de Chicago
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