| Navidad 2003
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Ahora que nos preparamos a dar la bienvenida a un bebé,
el unigénito, el Hijo de Dios, nuestras preocupaciones se
vuelven hacia aquellos reunidos en el cuerpo de Cristo hoy. El cuerpo
que provino del vientre de la Virgen María es el mismo cuerpo
que se elevó de la tumba después que Jesús
fue crucificado por nuestra salvación. El Cristo resucitado,
liberado de la muerte y de toda incomodidad terrena, da forma a
cada generación de discípulos dentro de su cuerpo,
la Iglesia.
La Iglesia, con todos sus problemas hoy en día, permanece
como la presencia de Cristo en un mundo convulsionado. Esta Navidad,
oremos por la paz ahora que nos preparamos a dar la bienvenida al
Príncipe de la Paz. Oremos por la seguridad de nuestras calles
y vecindarios, mientras vemos llegar a los pastores a Belén.
Oremos por Belén ahora que la guerra continúa plagando
la Tierra Santa. Oremos por el mundo, que puede reconocer a su Salvador
en su cuerpo, la Iglesia. Oremos el uno por el otro, y que Dios
nos de paz y alegría juntos. Que Dios, quien ha bendecido
al mundo enviando a su único Hijo, bendiga a cada uno de
los que nos reunimos en nombre de Jesús en esta Navidad,
que dé la gracia a ese mundo al que ama con el obsequio de
la Paz.
Sinceramente
suyo en Cristo:
Cardenal
Francis George, OMI
Arzobispo de Chicago
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