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Su Eminencia:
En estos días en que la nación española, y
en particular el pueblo de la Arquidiócesis de Madrid, se
llena de horror y dolor, le escribo para expresarle mi solidaridad
personal y el más sentido pésame de parte de todos
los católicos de la Arquidiócesis de Chicago. El horror
y la tristeza nos embargó conforme fuimos recibiendo los
reportes y las imágenes de los atentados en los trenes que
causaron la pérdida de cientos de vidas inocentes y lastimaron
a muchas más. Este ataque contra el pueblo de España
reaviva en nosotros el dolor, la cólera y el miedo que invadieron
a Estados Unidos después de vivir en años recientes
una tragedia similar.
Sin embargo, estos mismos recuerdos de sufrimiento nacional también
nos traen a la memoria el generoso apoyo y solidaridad que de manera
tan abundante compartieron con nosotros otros miembros de la familia
de naciones, incluyendo España. Como hermanos católicos,
compartimos una comunión aún más profunda en
la Iglesia. Lloramos el sufrimiento del otro y somos reconfortados
por la esperanza que compartimos como personas reunidas por Cristo
y en Cristo. Quiero que sepa que los católicos de la Arquidiócesis
de Chicago están orando por todos los que han muerto, los
que resultaron lesionados y por aquellos que se encuentran de luto
como resultado de este ataque. También se encuentran presentes
en nuestras plegarias el personal de rescate, el personal médico,
los capellanes y todos aquellos que son instrumentos vitales de
sanación y esperanza. De manera particular, su Eminencia,
oro por usted y sus obispos, por los sacerdotes, los diáconos
y otros trabajadores pastorales cuyo ministerio amplía la
presencia compasiva de Cristo. Porque en ocasiones como esta las
personas necesitan, más que nunca, ser recordados que en
Cristo nunca están solos y que, por su gracia, son posibles
la reconciliación y la paz incluso después de actos
de maldad tan abrumadores.
Su Eminencia, si existe alguna manera en particular en que pueda
auxiliarlo a usted y a su pueblo en estos momentos tan difíciles,
por favor no dude en llamarme. Por lo pronto, le brindo el apoyo
de mis oraciones. Que la unidad que experimentamos en tiempos de
enorme sufrimiento aumente nuestra determinación por proclamar
lo sagrado de la vida humana y ser testigos de la dignidad de cada
persona por ser hechas a imagen y semejanza de Dios.
Fraternalmente suyo en Cristo,

Cardenal Francis George, O.M.I.
Arzobispo de Chicago
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