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Marzo 2003
Nos encontramos observando la Cuaresma este año en un mundo
espantoso y con una Iglesia en problemas. Estamos enfrentando la
guerra, el terrorismo, la incertidumbre económica. Estamos
experimentando una ruptura y una división, tanto en la sociedad
como en la Iglesia. Cuando nos sentimos rotos, Dios toma ventaja
de nuestras bajas defensas para venir y curarnos.
La Cuaresma es un tiempo para el perdón y la piedad. Es
el tiempo del año cuando los católicos confiesan sus
pecados en el sacramento de la Penitencia. Unidos con el Señor,
nos convertimos en sus instrumentos para hacer la paz en el mundo
y en la Iglesia.
El Santo Padre confiesa sus pecados cada semana. Los obispos,
sacerdotes y diáconos van a confesión de manera regular.
Esta Cuaresma, espero que aquellos que se sientan apartados de la
familia o de la Iglesia, se aproximen a este sacramento. Me gustaría
pedir a los católicos a que inviten a aquellos cuyas vidas
han sido marcadas por la violencia, en pandillas, a través
del aborto, debido a actitudes de racismo, que hagan uso del sacramento
de la Reconciliación para encontrar la paz.
Oremos los unos por los otros en esta Cuaresma, para que la conversión
necesaria para nuestra salvación no enfrente resistencia;
y oremos también por el mundo entero, que la paz, que es
el signo de la presencia de Dios, nos sea otorgado a través
de la misericordia de nuestro Señor.
Sinceramente suyo en Cristo:

Cardenal Francis George, O.M.I.
Arzobispo de Chicago
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